No todo lo que hago nace en mi cabeza. A veces, nace en los ojos. En lo que veo, en lo que me emociona, en eso que alguien, en otro rincón del país, creó con sus manos y dejó ahí, disponible para que otra persona lo encuentre. Porque ser artesana no es solo tejer; es también observar, aprender, dejarse tocar por lo que otros hacen con paciencia.
Hilaland soy yo. Tejo sola, con mis hilos y mis tiempos pero no estoy aislada, formo parte de algo más grande, una red de personas que trabajan con las manos, con el cuerpo, con la atención puesta en lo que va naciendo puntada a puntada. Personas que, como yo, dejan algo propio en cada pieza, aunque el resultado sea distinto, aunque el lenguaje cambie.
Uruguay está lleno de artesanos que hacen maravillas. En ferias, en talleres, en mercados, en casas que huelen a madera, a barro, a pintura, a hilo, a fuego. Hay oficios que se sostienen desde hace años, otros que se reinventan, y todos, de alguna forma, cuentan una historia que no siempre se dice en voz alta pero se percibe cuando uno se detiene a mirar.
Yo no me siento parte de una gran tradición nacional en sentido estricto. Lo que hago -los amigurumis- viene de Japón, de otra cultura, de otro recorrido. Pero lo que pongo en ellos sí es de acá: mi tiempo, mi mirada, lo que veo alrededor, lo que elijo cada día para seguir creando. En eso me siento cerca de otros artesanos: aunque los materiales, las técnicas o los lenguajes sean distintos, hay algo que se comparte: elegimos lo hecho a mano como forma de expresión, como forma de vida.
No hay competencia ahí, al menos no en el sentido que a veces se imagina desde afuera. Hay respeto, hay inspiración, hay una especie de orgullo silencioso al ver que en este país pequeño todavía existen personas que siguen apostando por lo único, por lo hecho a mano, por lo que lleva la marca de quien lo hizo.
Me emociona ver esas historias porque me recuerdan por qué sigo haciendo lo que hago, incluso cuando no todo es simple, incluso cuando el camino tiene sus propias dudas. Me recuerdan que esto no es un esfuerzo aislado, sino una forma de estar en el mundo que otros también eligieron, cada uno desde su lugar.
Gracias a quienes abren sus espacios, sus procesos, sus formas de trabajar. A quienes muestran sin miedo. A quienes enseñan sin guardarse todo. Y también a quienes siguen creando en silencio, desde el amor por lo que hacen, sin necesidad de decirlo demasiado fuerte.
Yo sigo por acá.
Con mis hilos, mis agujas y mi manera de mirar el mundo, tejiendo un sueño, creando y manteniendo las ganas de seguir aprendiendo.
Silvana





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