Hila no apareció como algo terminado ni definido desde el inicio. Su construcción fue un proceso largo, atravesado por pruebas, cambios, intentos y decisiones que fueron moldeando su forma hasta llegar a la versión que hoy forma parte de Hilaland.
Durante mucho tiempo utilicé imágenes externas como referencia visual para el proyecto, siempre respetando el trabajo de sus autores y con la intención de ir encontrando un lenguaje propio. En ese recorrido pasaron distintas ideas y estilos que acompañaron diferentes etapas, hasta que surgió la necesidad de crear una figura que pudiera sostener la identidad visual del universo de manera más coherente y propia.
A partir de ahí comenzó el proceso de construcción de Hila. No fue inmediato ni lineal. Hubo exploración, pruebas de estilo, ajustes constantes y también momentos de aprendizaje técnico, donde fue necesario entender herramientas de creación y edición de imágenes para poder acercarse a lo que se imaginaba, sin perder la sensibilidad que el proyecto necesitaba. Incluso hubo varias “discusiones” con la inteligencia artificial, porque muchas veces parece tener voluntad propia y se pone caprichosa.
Con el tiempo, Hila fue cambiando. No solo en su aspecto visual, sino también en el lugar que ocupaba dentro de Hilaland. Lo que comenzó como una solución visual terminó convirtiéndose en una figura que acompaña y representa el espíritu del proyecto en sus aspectos más creativos y sensibles.
También fue importante para mí explorar el uso de nuevas herramientas tecnológicas como apoyo al proceso creativo. No como un reemplazo, sino como una herramienta más dentro de lo que significa construir algo desde cero cuando no se cuenta con grandes recursos, pero sí con constancia, curiosidad y ganas de aprender.
Aun así, hay algo que se mantiene firme: la intención de trabajar con respeto hacia las imágenes, hacia el trabajo ajeno y hacia la propia creación. Nada dentro de Hilaland busca engañar o distorsionar lo que es, sino mostrarlo con honestidad dentro de sus posibilidades.
Hila, en ese sentido, no es una imagen fija ni definitiva. Es el resultado de un proceso vivo, que fue cambiando a medida que el proyecto también cambiaba, y que probablemente seguirá evolucionando con el tiempo, porque forma parte de algo que está en constante construcción.





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