Se pierde más por miedo que por intentar

Hay frases que aparecen tan seguido que dejan de decirnos algo. Esta es una de ellas.

Durante mucho tiempo la entendí como una invitación a animarse, a actuar, a dejar de pensar tanto, a ser "valiente". Pero con el paso de los años empecé a leerla distinto.

No creo que el problema sea realmente tener miedo porque muchas veces él es quien nos cuida, avisa y pone preguntas sobre la mesa. Lo que a veces nos paraliza no es el miedo en sí, sino cuando ocupa tanto espacio que dejamos de acercarnos a aquello que queríamos intentar.

Y no hablo solamente de grandes decisiones. Hablo de mostrar algo que hicimos, de escribir un mensaje, de empezar un proyecto pequeño, de aprender una técnica nueva, de decir “esto me importa”, “esto es lo que quiero para mi vida”.

Porque cuando intentamos pueden pasar muchas cosas: que salga bien, que salga mal, que haya que corregir, que descubramos que no era por ahí. Pero incluso entonces ya dimos el primer paso y, pase lo que pase, seguramente algo valioso nos va a dejar: la experiencia.

En cambio, cuando no intentamos, esa historia nunca llega a existir.

Y no siempre hace falta dar un salto al vacío para que exista. A veces alcanza con una acción pequeña: un saludo, una palabra, un simple susurro a nosotros mismos diciéndonos: “vos podés”.

Nunca es poco un primer intento ni tampoco los que seguramente vendrán después, construidos sobre lo que aprendimos del primero. Y quizás ahí está el verdadero sentido de la frase: el tema no es perder el miedo, sino no permitir que él decida por nosotros.

Silvana

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